Cuando los poros de mi piel
se alimentan del aire que transpira el cielo,
y cuando mi cabellera se moja
del oscuro sinsabor de tu silencio,
mi alma alcanza a percibir las lagrimas de tus mejillas
y de las palabras que pronuncian tus ojos,
sin embargo mi juguetona sonrisa
juega con los murmullos de tus tus labios
para buscar las memorias de tu cuerpo,
las memorias de aquellos radiantes días
en donde el sol alumbraba esos bellos ojos
con una sin igual gracia pueril pero inevitable
era dejar de lado el desinterés de tus manos
que a veces me gritaban un ligero adiós.
Y ese mismo día te sentí partir,
como un niño lejos de su casa,
tu sombra me lo decía,
me contaba la agonía
que sentían tus piernas al partir.
Isabella Llanos
se alimentan del aire que transpira el cielo,
y cuando mi cabellera se moja
del oscuro sinsabor de tu silencio,
mi alma alcanza a percibir las lagrimas de tus mejillas
y de las palabras que pronuncian tus ojos,
sin embargo mi juguetona sonrisa
juega con los murmullos de tus tus labios
para buscar las memorias de tu cuerpo,
las memorias de aquellos radiantes días
en donde el sol alumbraba esos bellos ojos
con una sin igual gracia pueril pero inevitable
era dejar de lado el desinterés de tus manos
que a veces me gritaban un ligero adiós.
Y ese mismo día te sentí partir,
como un niño lejos de su casa,
tu sombra me lo decía,
me contaba la agonía
que sentían tus piernas al partir.
Isabella Llanos
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