Sentada allí,
mientras el humo roza mi cara,
me enfoco en la clara luna,
en las cortinas de aquella ventana,
en las manos posadas en aquel muro,
me enfoco en su voz que calmaba las ansias de llorar.
Vos me mirabas con gran ilusión,
pero yo no te veía con esos ojos,
vos eras el hombro en el que podía llorar,
en el que todo se despejaba, vos no eras más,
sólo otra persona a quien apreciaba.
Y ya que no estas,
el aire empuja las cortinas,
llegando al obscuro cuarto,
dejándome en claro tu partida.
Isabella Llanos
mientras el humo roza mi cara,
me enfoco en la clara luna,
en las cortinas de aquella ventana,
en las manos posadas en aquel muro,
me enfoco en su voz que calmaba las ansias de llorar.
Vos me mirabas con gran ilusión,
pero yo no te veía con esos ojos,
vos eras el hombro en el que podía llorar,
en el que todo se despejaba, vos no eras más,
sólo otra persona a quien apreciaba.
Y ya que no estas,
el aire empuja las cortinas,
llegando al obscuro cuarto,
dejándome en claro tu partida.
Isabella Llanos
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